La historia del licor Chartreuse verde es larga. En 1605, el duque de Estrée entregó a los monjes de la cartuja de París un extraño manuscrito con una fórmula denominada «Élixir de Longue Vie» (Elixir de larga vida). Después de varios intentos infructuosos los herboristas de la cartuja consideraron que la receta era demasiado compleja y la abandonaron. Pero la receta fue rescatada y siglo y medio más tarde la farmacia de la Gran Cartuja empezó a elaborar el llamado «Élixir végétal». Lo comercializaron en 1764 y su popularidad fue en aumento.
A partir del elixir vegetal, los cartujos elaboraron un digestivo al que llamaron «Liqueur de santé» (Licor de salud). Triunfó vertiginosamente, pero la Revolución Francesa (y la dispersión de la orden), paró en seco este éxito. Ante esta situación, y como medida cautelar, se realizó una copia de la receta. El duplicado fue guardado por el único monje que pudo permanecer en el monasterio de la Grande-Chartreuse.
Mientras tanto el original fue custodiado por otro. Este último, terminó detenido y encarcelado en Burdeos, pero consiguió mantener oculto el documento original. Finalmente logró sacarlo de la prisión y entregárselo a otro compañero de la orden. De ahí pasó a manos de un farmacéutico de Grenoble. Napoleón I lo clasificó como un remedio que no servía. Finalmente la receta secreta volvió al monasterio de la Grande-Chartreuse.
Esta es la historia de Chartreuse Verde, el licor fácilmente reconocible por su característico color verde. Este verde (totalmente natural) es conseguido a partir de las más de 130 plantas que se maceran por separado y que sólo conocen los monjes. Hoy en día este secreto sigue vivo en las instalaciones que esta orden tiene en Voiron (en el sureste de Francia).